
Hola a todos, aquí dejo para descargar la información del proyecto Aeropuerto de Temuco, que fue entregada el viernes recién pasado.
Taller 5 – 2007 / Arquitectura – UdeC

Hola a todos, aquí dejo para descargar la información del proyecto Aeropuerto de Temuco, que fue entregada el viernes recién pasado.
Muchas veces, al diseñar nos olvidamos de que estamos respondiendo al encargo de un “cliente”, de una persona o entidad que necesita solucionar un problema determinado, y el ego juega en nuestra contra, incitándonos a realizar caprichos formales que en su mayor parte no tienen que ver con el problema arquitectónico.
Dejo abierto el debate, con la siguiente caricatura del ilustrador Alberto Montt.

Y hablando de patrimonio y de la Universidad…
En el mes de Junio la UIAP (Unidad Interdisciplinaria de Arquitectura y Planeamiento) comenzó con un extenso trabajo denominado “Plan de Desarrollo Físico de la UdeC”.
La UIAP es un equipo compuesto por profesionales de distintas disciplinas que se agrupan para desarrollar trabajos específicos y reales de Arquitectura y Planeamiento
El principal objetivo del PDF-UdeC es poder dirigir el crecimiento y desarrollo de nuestro campus de forma que se integren y planifiquen todos los aspectos simultáneamente, tanto los edificios y sus emplazamientos, las áreas verdes, arte y mobiliario urbano, sus bosques, etc.
También dentro de los objetivos de la UIAP esta promover la discusión y el intercambio de ideas en torno al campus. Para esto la UIAP ha habilitado un blog en donde pueden encontrar interesantisimos articulos del arqto. Gino Schiappacasse y otros.
Mas info en el blogAp.

El diario El Pais (España) ha publicado una entrevista al Arquitecto Portugués Eduardo Soto de Moura.
P. ¿Piensa que la sostenibilidad es un problema de ricos?
R. Es un problema de malos arquitectos. Los malos arquitectos se organizan siempre con temas secundarios. Dicen cosas del tipo: la arquitectura es sociología, es lenguaje, semántica, semiótica. Inventan la arquitectura inteligente -como si el Partenón fuese estúpido- y ahora, lo último es la arquitectura sostenible. Todo eso son complejos de la mala arquitectura. La arquitectura no tiene que ser sostenible. La arquitectura, para ser buena, lleva implícito el ser sostenible. Nunca puede haber una buena arquitectura estúpida. Un edificio en cuyo interior la gente muere de calor, por más elegante que sea será un fracaso. La preocupación por la sostenibilidad delata mediocridad. No se puede aplaudir un edificio porque sea sostenible. Sería como aplaudirlo porque se aguanta.
Lee la entevista completa aca.

Ya se puede visitar la pagina de la proxima BIAU Lisboa 08, cuyo lema es “Habitar el Territorio, desde la tierra y el mundo”.
La creciente ocupación del territorio por parte de las ciudades, requiere un replanteamiento de los mecanismos de urbanización que garantice la supervivencia de los entornos rurales y naturales, así como un justo equilibrio ético y estético.
Nuestro futuro implica replantearnos el modo en el que habitamos y la manera en la que construimos nuestro mundo. sobre la tierra.
Dentro de la convocatoria existe un Concurso de ideas en la red para estudiantes “Arquitectura para la diversidad”, una excelente oportunidad pues todos los trabajos seran expuestos

Este Martes 3 de Julio volvemos con taller a las 15.15hrs. en sala que será dada a conocer próximamente…
En Plataforma Arquitectura encontramos la siguiente noticia:
La Municipalidad de Concepción ha convocado a los arquitectos asociados al Colegio de Arquitectos de Chile participar en el concurso Nacional de Arquitectura “Ex-Teatro Liceo Enrique Molina”, que consiste en la elaboración de una nueva propuesta para revitalizar las abandonadas ruinas que hoy por hoy luce la ciudad después de su destrucción durante el terremoto del ´60.
Este inmueble es una pieza de importante valor patrimonial para la ciudad de Concepción, pues representa a lo largo de su historia un espacio que estuvo siempre cercano a la educación pública de la ciudad.
Más info acá.
La crítica de Loos a la idea de proyecto se inscribe, en principio, dentro de uno de los temas principales de su pensamiento: la arquitectura pertenece a la cultura, es una de sus manifestaciones.
Esta afirmación aparentemente inofensiva conlleva distintas consecuencias, pero en principio es necesario preguntarse ¿qué es cultura para Loos?
Entre las diversas definiciones que formula, quizás la más ajustada a su pensamiento sea aquella según la cual cultura sería “aquel equilibrio de la persona interior y exterior, lo único que posibilita un actuar y un pensar razonable” . Se entiende a la misma, por lo tanto, como la suma de las prácticas, saberes y artefactos creados por el hombre para relacionarse con la realidad de su tiempo y con la naturaleza. Cuando esta relación es armónica, cuando nada la distorsiona y el vínculo entre la realidad interior y la exterior del hombre se realiza con natural fluidez, estaríamos, para Loos, en presencia de una cultura. No todas las épocas, en su opinión, pudieron alcanzar una cultura. Particularmente el siglo XIX, de todas las etapas humanas, no habría logrado conformar este vínculo. El equilibrio entre interior y exterior se habría roto ya que el hombre del siglo XIX permanecería ajeno a su propia producción, desligado de los productos de su época por un sistema de representaciones y de pseudosaberes que se arrastraría de otros momentos históricos y que le impedirían acceder a las fuerzas de la realidad que constituyen su propio tiempo.
Fuerzas de la realidad que, por otra parte, no pueden dejar de actuar en una precisa dirección y que determinan en definitiva “lo concreto” que rodea al hombre: los utensilios, los artefactos, las cosas.
Se desprende del pensamiento de Loos que la cultura estribaría fundamentalmente en la capacidad de los integrantes de una sociedad para conectarse natural y razonablemente con lo concreto de su tiempo, y se manifestaría principal-mente en la comprensión de los propios objetos, construcciones y artefactos creados por el hombre para sí con el fin de actuar sobre la realidad, y en definitiva, para comunicarse con el mundo.
Comprender los objetos, saber usar las cosas: ésa sería la máxima expresión de una cultura. Ésa fue una de las grandes tareas que el propio Loos se impuso: enseñar a los vieneses de fin de siglo (“y al mundo”) las pequeñas pero infinitas operaciones que les permitirían tener una cultura.
Cómo sentarse en un fateuil inglés, cómo salar la comida, qué zapatos elegir, qué muebles comprar para la casa, cómo combinar las prendas de vestir, son las cuestiones que más seriamente se abordan en sus escritos, sin la ironía que suele tener reservada para los grandes temas. Muchos de sus artículos no son otra cosa que fragmentos de un manual de instrucciones y una guía de comportamientos para el hombre moderno.
Ahora bien, para Loos, las fuerzas que empujan a la cultura, si bien comprensibles en su lógica de desarrollo y sin duda “razonables”, no pueden ser encauzadas por ningún acto de voluntad. La “corriente perfectamente regular” de la cultura de la que habla Loos es demasiado fuerte como para poder ser modificada decisivamente desde su interior. Se puede prever el desarrollo de la cultura pero ninguna acción voluntariosa podría modificar su rumbo. Justamente, la cultura se desenvuelve “sin mirar hacia delante ni hacia atrás”, es en lo sustancial un vínculo con lo presente, con lo concreto, y también con lo contingente. Es por eso que Loos rechaza cualquier noción de “proyecto”, entendido éste en términos de acción general, en el campo de la cultura. Aunque nunca se hace explícito, la posibilidad de previsión y de supuesta acción sobre el futuro que supone todo proyecto, sólo implicaría una demora y una traba en su desarrollo.
En este punto es necesario introducir otra premisa del pensamiento de Loos: la cultura no abarca al arte sino que se halla irreconciliablemente separada de él. Aunque resulta bien conocida, es necesario, aunque sólo sea someramente, hacer referencia a esta distinción que establece. El arte, para Loos, sería una fuerza contraria a la cultura, que trataría de instalar en ella determinados valores inexistentes todavía en su seno. Sería una fuerza perturbadora que intentaría sacudir los fundamentos profundamente conservadores de la cultura, introduciendo valores que la misma sólo conseguiría asimilar en el futuro. Esta operación de premonición de valores futuros que sería el arte sólo podría ser producto de un genio, de una individualidad absoluta y aislada de su cultura, y dotada del don de la creación. Siguiendo en gran medida los postulados de la teoría romántica, el genio, para Loos, crea estos nuevos valores sin proponérselo, inocentemente. Como diría Ruskin en relación a Turner, el genio “sólo consigue su meta cuando no se propone ninguna”. Vale decir, esta irrupción en el campo de la cultura que el genio provoca no es producto de su voluntad, sino que se le da “naturalmente”. El genio no se propone, para Loos, romper con las fuerzas de la cultura, simplemente no puede evitarlo. Crea sin elección e inexorablemente. Y esta creación se dirige al futuro, oponiéndose a las fuerzas vitales de la cultura, que constituyen el presente.
En tal sentido, la arquitectura o, mejor dicho, la actividad del hombre relacionada con la realización de edificios y espacios habitables, pertenece, por su propia naturaleza, a la cultura, no al arte. Como él mismo ha señalado en su famoso ensayo “Arquitectura”, sólo una pequeña porción del quehacer humano escapa al ámbito de la cultura, aquella que tiene que ver justamente con lo que escapa a la contingencia y a lo concreto de la vida cotidiana: las construcciones que celebran valores que exceden al presente, básicamente la arquitectura funeraria y los monumentos, los hechos físicos en los que encarnan los valores cívicos y religiosos de una sociedad y su idea de la muerte. Como es bien sabido, éstos entrarían para Loos en la esfera del arte, constituyendo el único segmento de la actividad constructiva del hombre del que se podría hablar con propiedad de Arquitectura. El resto es cultura, no arquitectura.
Adolf Loos, Haus Müller, 1930.
Comenzaban los ’90 y este arquitecto propone a los inversionistas la “pésima idea” de un MALL…
Estos videos muestran el Yale Center for British Art del arquitecto Louis Kahn
Gracias a estas imágenes podemos acercarnos a la obra de un grande de la arquitectura moderna.
No sé sí hay mucho que decir, “pureza”, “simpleza” (no simplicidad), “pulcritud”… todo esto define la obra de Kahn, quien trabajó con un lenguaje arquitectónico que trasciende generaciones.
Comentarios recientes